Todo cuanto la mente ingenia,
todo cuanto los ojos no ven,
lo que de mero esconderse se enseña,
lo que las manos añoran de ayer.
Todo lo que en vida se esquiva,
aquello que aún muriendo se teme,
todo ello a la vez, se exilia
cuando siento tu piel en mi piel.
Y me río yo de armaduras,
del pasado y de sus ataduras,
del tiempo y de su frenesí.
Ante ti no hay escudo que valga,
no hay pena que pese en el alma,
no hay reloj que marchite tu abril.
domingo, 15 de mayo de 2016
jueves, 5 de mayo de 2016
Verde.
Vivo,
luego
pienso.
Duele,
luego
debo de estar vivo.
Vivo,
y
sigo depatriado de mis sentidos,
sigo
exiliado de mis instintos,
sigo
agazapado
bajo
el reflejo
de
los espejos
en
los que nunca me miré.
Sigo
privado
de
lo que me haría ser yo,
si
yo
fuese
yo,
sigo
echando balones fuera
y
sigo sin poder evitar
la
sensación del niño
al
que se le queda la pelota en un árbol.
Cada
vez que la recupero
me
digo que esta vez la cuidaré,
cada
vez que la cuido
me
percato de que los balones
no
están hechos para ser cuidados,
si
no disfrutados,
y
cada vez que lo disfruto
lo
acabo encallando en un árbol
más
alto que la vez anterior.
Cada
vez me cuesta más recuperarlo,
y
se apodera de mi
un
miedo atroz a caerme
cada
vez que lo tengo que ir a buscar,
cada
vez que me tengo que redimir
por
los balones que echo fuera,
cada
vez que me tengo que compensar
por
todas las veces
en
las que no aguanto la espera.
Cuando
me duelo mucho,
me
huyo,
y
poco a poco
voy
conociendo mundo
mientras
no dejo de perseguir aquello
de
lo que escapo.
En
los lugares por los que paso
me
voy quitando espinas,
pero
sin discernir demasiado bien
si
cada espina que me arranco
cae
en yermo suelo
o
se me clava en otra parte de mi ser,
con
lo que así ando
en
un eterno hacerme autovudú
del
cual no tengo claro
si
no salgo por no saber
o
por no querer.
Dicen
que un clavo quita otro clavo,
pero
yo siento padecer
que
las heridas
no
funcionan
bajo
el mismo
mecanismo,
y
por mucho que me martilleo la cabeza
no
logro que cese el martirio de mi pecho.
Ahora,
además
de dolerme los sentimientos,
también
me escuecen las ideas,
además
de sufrir por los latidos
que
no quieren volver
también
sufro
por
los pensamientos que no se quieren ir,
a
todo lo que siempre quise evitar
se
le ha sumado
la
marcha de todo aquello
que
nunca quise dejar ir.
A
veces
dudo
de la veracidad
de
mi propia existencia,
y
la única contraargumentación
con
la que puedo desbaratar mis desvaríos
son
los textos
que
un día escribí,
las
ideas
que
en alguna ocasión elucubré,
los
sentimientos
que
en algún momento padecí.
Me
pienso,
me
duelo,
y
se me van las dudas.
Indudablemente
sigo
vivo,
inexplicablemente
sigo
en pie.
jueves, 28 de abril de 2016
Seísmos.
Se me están tambaleando
los pilares de las nubes,
me estoy dejando las uñas
en busca de un poco de luz.
De tanto hacerme vudú
me pican por dentro las venas,
mas dicen que hoy no revientan,
que quieren un buen ataúd.
Tengo en mi casa un océano
de goteras que apenas se ven,
de "me tiro a las vías y espero",
de "aquí ya no pasa ese tren".
Los espejos ya no me creen,
los dogmas me crecen con dudas,
y hay un cartel mal escrito que reza
"Aforo completo" en la entrada al edén
los pilares de las nubes,
me estoy dejando las uñas
en busca de un poco de luz.
De tanto hacerme vudú
me pican por dentro las venas,
mas dicen que hoy no revientan,
que quieren un buen ataúd.
Tengo en mi casa un océano
de goteras que apenas se ven,
de "me tiro a las vías y espero",
de "aquí ya no pasa ese tren".
Los espejos ya no me creen,
los dogmas me crecen con dudas,
y hay un cartel mal escrito que reza
"Aforo completo" en la entrada al edén
miércoles, 13 de abril de 2016
El pozo.
Tienen mala suerte
los galones de los depatriados
que por querer lo que quisieron
ya no tienen dónde caer.
Medallita en el pecho.
Condecoraciones imborrables
con glamour de terraplén.
Y se sienten únicos
los que hicieron lo impensable
por milmillonésima vez.
Las almohadas padecen
por los sueños que criaron
viendo que las pesadillas que los siguieron
tanto dieron en vencer.
Los brindis ya no saben
tan bien como cuando tú eras
quien llenaba las copas,
con sangre propia, no con otra
que las venas, como las ideas,
están para poderse romper.
los galones de los depatriados
que por querer lo que quisieron
ya no tienen dónde caer.
Medallita en el pecho.
Condecoraciones imborrables
con glamour de terraplén.
Y se sienten únicos
los que hicieron lo impensable
por milmillonésima vez.
Las almohadas padecen
por los sueños que criaron
viendo que las pesadillas que los siguieron
tanto dieron en vencer.
Los brindis ya no saben
tan bien como cuando tú eras
quien llenaba las copas,
con sangre propia, no con otra
que las venas, como las ideas,
están para poderse romper.
viernes, 1 de abril de 2016
Invencible.
Hay
que suicidarse más. Hay que destruirse más. Hay que buscar más la
línea que separa la autocrítica de la autodestrucción y
sobrepasarla sin contemplaciones, pasar sobre ella con el mismo
ímpetu con que se defiende algo que no se entiende, pero se siente; cruzarla sin prestarle apenas atención haciendo de la inmutabilidad
con la que la atravesamos nuestro mayor impulso. No se puede mejorar
aquello que no se respeta, es imposible luchar con amor por aquello
que no se ama y es enteramente falso pretender decir que algo es tuyo
cuando ni lo has construido con tus manos, ni lo has pagado con tu
dinero, ni te lo has ganado con tu sudor, si no que te lo han
regalado ya construido, ya pagado y ya amoldado para que lo tomes y
lo muestres con el orgullo con que se lucen las cosas que solo sirven
para eso, para ser lucidas y nada más.
No
se puede vivir en una casa prefabricada, amueblada vía Ikea y
situada en una parcela perfectamente delimitada y vecina de otras
miles de viviendas iguales y pretender decir que es única por el
mero hecho de ser tuya. Tienes que destruir la casa para así poder
decir de verdad que es tuya. Este montón de ceniza es enteramente
mío, es total y absolutamente mío porque yo lo he creado, yo he
iniciado el fuego que ha resultado en estas cenizas y yo lo he
apagado. Solo entonces podrás, edificar unos nuevos cimientos,
mandar a tomar por culo los planos antiguos y escoger la técnica de
construcción, escoger el color y la planta, los pisos, los muebles y
las cortinas, la luz, las lámparas y las marquesinas, escoger
verdaderamente cómo va a ser tu hogar en absolutamente todos sus
aspectos. Si tras todo esto quieres hacerte una casa prefabricada,
amueblada vía Ikea y situada en una parcela perfectamente delimitada
y vecina de otras miles de viviendas iguales, entonces si, la
decisión será tuya, pero ya no la de otros.
No
se puede cambiar el color de las cortinas y decir que has construido
el edificio, exactamente de la misma manera que no puedes escoger
entre cuatro grupos de música, tres maneras de vestir y dos partidos
políticos y luego decir que solo hay uno como tú, que eres único y
que tu mente es enteramente independiente. Si así lo quieres,
quémala. Si de verdad te quieres, quémate. Destruye tu mente y duda
de todo lo que sepas, duda de todo y sobre todo de aquello acerca de
lo que no tengas duda, y cuando solo tengas cenizas en tu cabeza,
cuando respires aire y de ti salga humo, cuando solo te quede suelo
yermo en tu cabeza, siéntate. Lee. Aprende. Coge todo aquello que
aborreces e intenta entenderlo, observa a todos aquellos que te
repugna e intenta intenta comprenderlos, busca la persona que más te
odie en el mundo y pídele que te enseñe a odiarte. Ahora, que eres
todo ceniza, todo barro y todo agua, tienes la mejor materia prima
para construir el mayor de los castillos, la más impresionante de
las fortalezas, o la más humilde de las chozas. En cualquier caso,
solo entonces podrás decir que tu casa las has hecho tú. Que tu
cabeza las has hecho tú. Que tú eres tú. Antes, habrás sido el
producto de todo lo que te ha pasado mezclado con lo que te han
contado, lo que has visto y lo que has sido capaz de copiar.
Destrúyelo y entiende que eres mediocre, porque cuando tú mismo
sientes que eres insignificante en tu estupidez, incultura e
inconsciencia, puedes dedicarte enteramente a aprender. Y si algo
tengo claro es que cuando alguien, sea quien sea y venga de donde
venga, tiene como única y máxima prioridad aprender, entonces esa
persona es simplemente
INVENCIBLE.
miércoles, 30 de marzo de 2016
Bucle.
Voy a buscar
una corriente
de sangre caliente,
para ver si así logro
alzar el vuelo al fin.
Liberarme de este
respirador artificial,
que por llamarme vivo
me insufla un aire
sabor a herida sin curar.
Voy a revelar
los negativos
de los besos
que nunca di,
de los trenes
que no cogí
por el miedo
a descarrilar.
Limpiarme los lamparones
del alma,
desengancharme de las armas
de doble filo,
entrar con sigilo
en mi propio santuario
por ver si quemándolo
consigo al fin comulgar.
Poco importa el vaso
cuando tienes tanta sed.
Cuando tienes la garganta
seca de ideas
por no tener
con qué hacerlas caer.
Cuando tienes un nudo
en el pecho
y todo el techo
es un desliz.
Cuando lo que dentro habita
se marchita
por no encontrar
dónde dormir.
Voy a agarrarme
a un clavo ardiendo
mientras me repito
es una mano amiga, es una mano amiga, es una mano amiga...
Voy a seguir avanzando,
voy a seguir subiendo,
voy a seguir bajando,
mientras me repito
no tengo heridas, no tengo heridas, no tengo heridas...
Aparto el sueño
como quien aparta una herida
de mal gusto.
Huyo del hastío
como quien busca un refugio
donde huir del frío.
El problema es
que es de mi de quien huyo,
que es a mi a quien aparto,
que soy yo mi propia herida
y que tengo
la mala costumbre
de que cada vez que me doy la mano,
me cojo el brazo,
me cojo el hombro,
me cojo el tronco,
me agarro a mi mismo
y súbitamente
me doy cuenta
de que estoy
solo.
Entonces,
busco un clavo ardiendo
al que agarrarme
y me repito....
...y me repito.
una corriente
de sangre caliente,
para ver si así logro
alzar el vuelo al fin.
Liberarme de este
respirador artificial,
que por llamarme vivo
me insufla un aire
sabor a herida sin curar.
Voy a revelar
los negativos
de los besos
que nunca di,
de los trenes
que no cogí
por el miedo
a descarrilar.
Limpiarme los lamparones
del alma,
desengancharme de las armas
de doble filo,
entrar con sigilo
en mi propio santuario
por ver si quemándolo
consigo al fin comulgar.
Poco importa el vaso
cuando tienes tanta sed.
Cuando tienes la garganta
seca de ideas
por no tener
con qué hacerlas caer.
Cuando tienes un nudo
en el pecho
y todo el techo
es un desliz.
Cuando lo que dentro habita
se marchita
por no encontrar
dónde dormir.
Voy a agarrarme
a un clavo ardiendo
mientras me repito
es una mano amiga, es una mano amiga, es una mano amiga...
Voy a seguir avanzando,
voy a seguir subiendo,
voy a seguir bajando,
mientras me repito
no tengo heridas, no tengo heridas, no tengo heridas...
Aparto el sueño
como quien aparta una herida
de mal gusto.
Huyo del hastío
como quien busca un refugio
donde huir del frío.
El problema es
que es de mi de quien huyo,
que es a mi a quien aparto,
que soy yo mi propia herida
y que tengo
la mala costumbre
de que cada vez que me doy la mano,
me cojo el brazo,
me cojo el hombro,
me cojo el tronco,
me agarro a mi mismo
y súbitamente
me doy cuenta
de que estoy
solo.
Entonces,
busco un clavo ardiendo
al que agarrarme
y me repito....
...y me repito.
sábado, 26 de marzo de 2016
Dentro.
Un año bisiesto
quiere viajar en el tiempo;
la taquicardia le impide percatarse
de que a ese juego ya perdió una vez.
Y dos.
Y tres.
Un pasamanos con varicela
echa de menos
las caricias que le daban
y se autocompadece pensando
que pudo haberlas correspondido,
pero no lo hizo.
En realidad no podía,
solo que eso él
no lo sabe.
Un muñeco de madera
añora al ventrílocuo
que le daba voz,
y se consuela escribiendo versos
olvidándose
de que no sabe leer.
Quizás debería abandonar
mi empeño por humanizar cosas
que no son humanas
y empezar a humanizarme
a mi mismo.
Ni los años (bisiestos o no),
ni los pasamanos,
ni los muñecos,
sienten,
pero yo si,
y por más que lo intento
no puedo evitar ver
que tengo algo
de todos ellos
en mi.
quiere viajar en el tiempo;
la taquicardia le impide percatarse
de que a ese juego ya perdió una vez.
Y dos.
Y tres.
Un pasamanos con varicela
echa de menos
las caricias que le daban
y se autocompadece pensando
que pudo haberlas correspondido,
pero no lo hizo.
En realidad no podía,
solo que eso él
no lo sabe.
Un muñeco de madera
añora al ventrílocuo
que le daba voz,
y se consuela escribiendo versos
olvidándose
de que no sabe leer.
Quizás debería abandonar
mi empeño por humanizar cosas
que no son humanas
y empezar a humanizarme
a mi mismo.
Ni los años (bisiestos o no),
ni los pasamanos,
ni los muñecos,
sienten,
pero yo si,
y por más que lo intento
no puedo evitar ver
que tengo algo
de todos ellos
en mi.
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