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lunes, 12 de septiembre de 2016

La ciudad bombardeada más bonita del mundo.

       En la ciudad bombardeada más bonita del mundo las estrellas rojas se oxidan y los Césares desmerecen los altares de los que ya hace tanto se cayeron. El sudor, como el esfuerzo o el ingenio no son sinónimos de trabajo, si no de mera supervivencia, y una desfasada contienda baila un paso con los brindis de los que mandan y otro paso con las maldiciones de los que pelean. Parece que las desgracias solo son esquivables danzando, y entre tambores militares y bongós salseros se entrelazan un sinfín de tonos de piel, de gestos, de historias y de sentires, de puros que en boca de quien los fuma casi parecen una ironía, de "yo tengo un familiar que", de sonreír o huir como únicas alternativas.
        Culos imposibles de mantener por su tamaño, esqueletos que no sabes cómo se mantienen en pie, un chiquito al que le hablan de revolución y se siente confuso y se imagina al Ché bailando reggetón sintiéndose igual que él. Qué fotogénica queda la alegría entre tanta cochanbre, valiente el geólogo que admira la magnitud del terremoto sin tener cojones de meterse en él, sin comprender que el ritmo no lo marcan las caderas, si no la tierra que tiembla, que bailar no solo es un acto de placer, si no también de equilibrio, de resistencia, casi de fe.
       Aquí no hay huérfanos ni despechados, todos tienen a su "papito", a su "mamasita", a su "amol", aunque duren el segundo que tarden en pronunciarlo y el siguiente que les lleve olvidar. Tampoco hay hambre, todos muerden de la manzana, tampoco hay remordimientos, no hay mucho más que comer; todo el mundo es rico en tener poco, en podo necesitar, dicen, ricos en ser. Aquí siempre se anda, sin estrés, sin prisa. No hacen falta. Se anda por ver si se gana la propina o aún a riesgo de perderla, se anda por la acera o por la carretera, en buena compañía o con mala sombra, pero nunca solo. la humedad y la música nunca permiten una soledad total. En Cuba no. Se respira un orgullo carente de sustento que quizás por eso sea más valioso aún, se respira un viejo al que no le llega la pensión moviendo las caderas como si fuera un crío, con dos policías en cada esquina mientras un turista grita "¡Qué paraíso!". Se respira lo contrario a lo esperado en cada estampa, y sin embargo también se respira magia, se respira un color nuevo en cada bocanada con sabor a contraste entre todo y nada, con regusto a alegría desmesurada, a vivir siendo invencible, a responder sonriendo a cada mirada, PARA. - ¿Cómo dice señor?
- Que puede pasal, tenemo de todo.
- Aah vale. Vaya, los carteles me gustan. ¿A cuánto los tiene?
- Eso depende del cartel.
- Ya. ¿El de "Viva Cuba libre"?
-  Mmm... A diez pesos... y un ojalá.


La Habana, septiembre del 2016.





viernes, 17 de junio de 2016

A salvo.

Hay refugios
por los que vale la pena
jugarse lo injugable
aunque no sean bombas
lo que cae fuera.
No  es el ruido lo que me asusta
ni la sangre lo que me ahuyenta,
son sus contrarios,
el silencio y la ausencia
los que alimentan mis miedos
con platos vacíos
y vacían mi mente
de toda inocencia.
Mal sabes tú
que cuando huyo a mi cueva
es a tu encuentro al que acudo,
aunque tú no estés,
que poco tienen que ver
el amor con el deber,
que estar sin ropa no es
el desnudo más cruel.
La carne no tiene
la fragilidad del alma
cuando esta se muestra
a las tempestades de lo exterior
sin ropa ni abrigo.
El cuerpo carece
de la sensibilidad cruda,
de la intimidad hiriente
que solo los sentimientos tienen
y de la cual se resienten.
Los huesos nunca están
tan indefensos como mis palpitares
cuando se muestran honestamente
a pecho descubierto,
a diana de puñales.
Mal sabes tú
que cuando huyo a mi cueva
lo hago solo porque se
que a la salida me estarás esperando,
vida,
porque a tu encuentro
no se no volver.

domingo, 29 de mayo de 2016

Sopa de chinchetas.



Estoy a la deriva
y no encuentro los manguitos.
El mar abierto
me da claustrofobia
y no,
no quiero aprender a nadar.

Tengo un poco de agua,
una bengala,
21 chinchetas
y mucho tiempo.
Con el agua
he regado las algas
a ver si me dan
algo de sombra;
la bengala
descansa en las profundidades
(no quería provocar
un incendio en la balsa),
y con las chinchetas
me he hecho una sopa de mar
que me ha quedado
ligeramente sosa.

Menos mal
que soy inmortal,
porque con el tiempo,
con todo este tiempo,
si que no se qué hacer,
y no se si aguantaría
toda una vida
a la deriva
sin tirarme al mar.

Menos mal
que soy inmortal.

domingo, 15 de mayo de 2016

Lo debido.

Todo cuanto la mente ingenia,
todo cuanto los ojos no ven,
lo que de mero esconderse se enseña,
lo que las manos añoran de ayer.

Todo lo que en vida se esquiva,
aquello que aún muriendo se teme,
todo ello a la vez, se exilia
cuando siento tu piel en mi piel.

Y me río yo de armaduras,
del pasado y de sus ataduras,
del tiempo y de su frenesí.

Ante ti no hay escudo que valga,
no hay pena que pese en el alma,
no hay reloj que marchite tu abril.

jueves, 5 de mayo de 2016

Verde.

Vivo,
luego pienso.
Duele,
luego debo de estar vivo.
Vivo,
y sigo depatriado de mis sentidos,
sigo exiliado de mis instintos,
sigo agazapado
bajo el reflejo
de los espejos
en los que nunca me miré.
Sigo privado
de lo que me haría ser yo,
si yo
fuese yo,
sigo echando balones fuera
y sigo sin poder evitar
la sensación del niño
al que se le queda la pelota en un árbol.
Cada vez que la recupero
me digo que esta vez la cuidaré,
cada vez que la cuido
me percato de que los balones
no están hechos para ser cuidados,
si no disfrutados,
y cada vez que lo disfruto
lo acabo encallando en un árbol
más alto que la vez anterior.
Cada vez me cuesta más recuperarlo,
y se apodera de mi
un miedo atroz a caerme
cada vez que lo tengo que ir a buscar,
cada vez que me tengo que redimir
por los balones que echo fuera,
cada vez que me tengo que compensar
por todas las veces
en las que no aguanto la espera.

Cuando me duelo mucho,
me huyo,
y poco a poco
voy conociendo mundo
mientras no dejo de perseguir aquello
de lo que escapo.
En los lugares por los que paso
me voy quitando espinas,
pero sin discernir demasiado bien
si cada espina que me arranco
cae en yermo suelo
o se me clava en otra parte de mi ser,
con lo que así ando
en un eterno hacerme autovudú
del cual no tengo claro
si no salgo por no saber
o por no querer.

Dicen que un clavo quita otro clavo,
pero yo siento padecer
que las heridas
no funcionan
bajo el mismo
mecanismo,
y por mucho que me martilleo la cabeza
no logro que cese el martirio de mi pecho.
Ahora,
además de dolerme los sentimientos,
también me escuecen las ideas,
además de sufrir por los latidos
que no quieren volver
también sufro
por los pensamientos que no se quieren ir,
a todo lo que siempre quise evitar
se le ha sumado
la marcha de todo aquello
que nunca quise dejar ir.

A veces
dudo de la veracidad
de mi propia existencia,
y la única contraargumentación
con la que puedo desbaratar mis desvaríos
son los textos
que un día escribí,
las ideas
que en alguna ocasión elucubré,
los sentimientos
que en algún momento padecí.

Me pienso,
me duelo,
y se me van las dudas.
Indudablemente
sigo vivo,
inexplicablemente
sigo en pie.

jueves, 28 de abril de 2016

Seísmos.

Se me están tambaleando
los pilares de las nubes,
me estoy dejando las uñas
en busca de un poco de luz.
De tanto hacerme vudú
me pican por dentro las venas,
mas dicen que hoy no revientan,
que quieren un buen ataúd.


Tengo en mi casa un océano
de goteras que apenas se ven,
de "me tiro a las vías y espero",
de "aquí ya no pasa ese tren".
Los espejos ya no me creen,
los dogmas me crecen con dudas,
y hay un cartel mal escrito que reza
"Aforo completo" en la entrada al edén

miércoles, 13 de abril de 2016

El pozo.

Tienen mala suerte
los galones de los depatriados
que por querer lo que quisieron
ya no tienen dónde caer.

Medallita en el pecho.
Condecoraciones imborrables
con glamour de terraplén.

Y se sienten únicos
los que hicieron lo impensable
por milmillonésima vez.


Las almohadas padecen
por los sueños que criaron
viendo que las pesadillas que los siguieron
tanto dieron en vencer.

Los brindis ya no saben
tan bien como cuando tú eras
quien llenaba las copas,

con sangre propia, no con otra
que las venas, como las ideas,
están para poderse romper.


miércoles, 30 de marzo de 2016

Bucle.

Voy a buscar
una corriente
de sangre caliente,
para ver si así logro
alzar el vuelo al fin.
Liberarme de este
respirador artificial,
que por llamarme vivo
me insufla un aire
sabor a herida sin curar.

Voy a revelar
los negativos
de los besos
que nunca di,
de los trenes
que no cogí
por el miedo
a descarrilar.

Limpiarme los lamparones
del alma,
desengancharme de las armas
de doble filo,
entrar con sigilo
en mi propio santuario
por ver si quemándolo
consigo al fin comulgar.

Poco importa el vaso
cuando tienes tanta sed.
Cuando tienes la garganta
seca de ideas
por no tener
con qué hacerlas caer.
Cuando tienes un nudo
en el pecho
y todo el techo
es un desliz.
Cuando lo que dentro habita
se marchita
por no encontrar
dónde dormir.

Voy a agarrarme
a un clavo ardiendo
mientras me repito
es una mano amiga, es una mano amiga, es una mano amiga...
Voy a seguir avanzando,
voy a seguir subiendo,
voy a seguir bajando,
mientras me repito
no tengo heridas, no tengo heridas, no tengo heridas...

Aparto el sueño
como quien aparta una herida
de mal gusto.
Huyo del hastío
como quien busca un refugio
donde huir del frío.

El problema es
que es de mi de quien huyo,
que es a mi a quien aparto,
que soy yo mi propia herida
y que tengo
la mala costumbre
de que cada vez que me doy la mano,
me cojo el brazo,
me cojo el hombro,
me cojo el tronco,
me agarro a mi mismo
y súbitamente
me doy cuenta
de que estoy
solo.

Entonces,
busco un clavo ardiendo
al que agarrarme
y me repito....

...y me repito.

sábado, 26 de marzo de 2016

Dentro.

Un año bisiesto
quiere viajar en el tiempo;
la taquicardia le impide percatarse
de que a ese juego ya perdió una vez.
Y dos.
Y tres.

Un pasamanos con varicela
echa de menos
las caricias que le daban
y se autocompadece pensando
que pudo haberlas correspondido,
pero no lo hizo.
En realidad no podía,
solo que eso él
no lo sabe.

Un muñeco de madera
añora al ventrílocuo
que le daba voz,
y se consuela escribiendo versos
olvidándose
de que no sabe leer.

Quizás debería abandonar
mi empeño por humanizar cosas
que no son humanas
y empezar a humanizarme
a mi mismo.
Ni los años (bisiestos o no),
ni los pasamanos,
ni los muñecos,
sienten,
pero yo si,
y por más que lo intento
no puedo evitar ver
que tengo algo
de todos ellos
en mi.

domingo, 20 de marzo de 2016

La piel.

Soy yo acaso
lo que busco
más que lo que encuentro,
lo que leo
más que lo que escribo,
lo que añoro
más que lo que veo
cuando un extraño reflejo
se muestra ante mi.

Soy hijo
de lo que otros hicieron,
fruto
de la tierra que me echaron,
dolor
de sepultureros
por no dejar
de revivir.

Quisiera yo
quitarme la tierra
de encima,
talar los árboles
genealógicos,
quemar los diccionarios
del devenir.
Vender mi entrada
de teatro,
romper las vías
de los trenes,
renegar de testamentos
y de herencias,
por ver cómo es
mi piel
al fin.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Sinsabores.

Atacar por las mañanas
siempre es más fácil.
El enemigo está dormido,
un nuevo día empieza
y tienes el factor sorpresa.
El problema es
cuando no suena el despertador,
o cuando te confundes de enemigo,
o cuando no quieres ganar.
En ese caso,
es mejor atacar por la noche,
porque cuando el sol 
se pone
todas las derrotas
son menos derrotas,
y todas las victorias
saben un poco más
                               a ti.

martes, 2 de febrero de 2016

Destino: no llegar.

Escribo esto de viaje
desde mi habitación.
Estoy aquí sentado,
pero estoy en todas partes
menos aquí,
estoy en todas partes
menos donde estoy.
Para quien me lea,
que sepa que puede que esté a su lado,
a no ser que sea yo.
Entonces no.

Escribo esto de viaje,
pero no estoy de vacaciones.
Tampoco exiliado.
Cuando quiera puedo volver,
pero no quiero.
Igual que aquel borracho.
Igual que aquel yonki.
Cuando quiera, lo dejo.
Cuando quiera, vuelvo.
Quiero querer volver,
pero no quiero,
así que no.

Simplemente
seguiré de viaje
desde mi habitación.

jueves, 21 de enero de 2016

Hambre.

Como un espejo insaciable
al que ya nadie mira
pero sigue trabajando.
                                                      Ando,
como una almohada decapitada
en busca de su cabeza favorita.
                                                      Grita,
como un pasamanos añorante
de las caricias que le daban.
                                                      Hablaban,
metáforas que no se entendían
cuando en los espejos se miraban.
                                                      Y no entendían
                                                       y sin embargo,
                                                       seguían significando.
Y yo
ando,
         gritto
                   y hablo
y curiosamente,
tampoco entiendo,
pero inconscientemente,
sigo significando.

Sin darme cuenta,
como con la imaginación
lo que no puedo con la boca,
lo que no llena el estómago,
lo que no palpo con la piel,
                                                    pero alimenta el alma
                                                    a costa del hambre,
                                                    y engorda el espíritu,
                                                    tan solo
                                                    exigiendo
                                                    coherencia.
A veces,
no compensa ser coherente.
Por eso,
a veces
ni estoy, ni soy, ni nada.
y simplemente escribo
                                            hasta que vuelva a compensar
                                                                                              o hasta que se me pase el hambre.

Será será...

Soy ciego para algo,
pero no se para qué.
Soy daltónico para algo,
pero no se para qué.

No puedo ver algo
que todos los demás ven
y no se qué es.

Solo se que me choco
una y otra vez,
tantas y tantas veces.

Y no se qué es.
Solo se que duele.
Solo se que choco.

No lo puedo ver,
y todos los demás me ignoran
como quien ignora a un loco.

Solo porque no se
qué
cojones
es.

jueves, 26 de febrero de 2015

Bailando.

Me busco y me pierdo,
me escondo y me encuentro.
Bailo conmigo en mi estrepitoso bucle,
me dejo engatusar por los malos recuerdos.
Yo y mis demonios,
mis demonios y yo.
Bebemos juntos,
pensamos y vivimos,
juntos surgen los celos,
juntos nos destruimos.
Escapo de mi mientras me busco,
busco sin mapa ni norte,
siento el murmullo del tiempo,
aunque no creo que a nadie le importe.

A precio de coste.

En este cluedo de caricias sin dueño, el tiempo
no deja cara sin beso ni muerte sin lamento.
Un llanto que no sale por no tener conciencia,
la paciencia es cariño si miras su esencia.
La sonrisa del suicida antes de ponerse fin,
la elocuencia de una copa besada con carmín.
El glamour de un cartón de vino sin nombre,
la ironía de una almohada decapitada.
                                                              Amor? A precio de coste.
                                                                       

lunes, 4 de febrero de 2013

Agarimo.

Soamente son un gran de area azul
nunha praia sen mar.
Soamente son un son xordo,
para un muro sen cristal.
Son o berro dun mudo que di:
Calade, non me oio falar!
Son a luz que ilumiña a miña senda,
camiño do luar.
Océano sen sal,
zancos a ras de chan;
nado tarde, morto cedo,
triste coma unha parede sen ventás.
Soitario como a primeira rosa da primaveira,
á espera dos que están por chegar,
sen más reflexo co ducha charqueira de nubes,
e sen máis sentido co do quizáis.
Cun "malo será" de demos endeusados,
e sen maior coraxe co dun sombreiro,
que o vento leva, que o ceo traga,
na fin, que o tempo estraga.
Baixo a testa e miro un chan de nubes,
penso na miña árbore sen froito
á que me arrimo a sonar esperto,
en cuxas ramas rematan os loitos.
Sigo agardando erguerme da cama,
acordado polos raios do meu querido ceo gris,
e sinto pena polas historias rematadas,
que non tiveron ningún final feliz.

Son un ático sen nada embaixo.
Son un soto sen nada enriba.
Son a choiva que chove no mar.
Son, en fin, cura e ferida.

martes, 13 de marzo de 2012

Tintes de almíbar.

Me duele el aire que entra en mi cuerpo al respirar,
me duele el orgullo que me persigue, que me ciega y me hace tropezar.
Dime tú, ¿dónde está la sangre que se fundió con la arena?
Contéstame al menos, si la última palabra merece la pena.
Alza tu vista y dime que ves lo que sólo se ve si se dice,
sólo poniéndole nombre, sólo susurrándolo, sólo así es,
y vive.
Vive en el siempre de un espejo de tiempo intangible,
es en un reflejo sin testigos, pues no son si no en convite.
Dulce vagar de lo que escapa como sólo la lluvia escapa,
de lo que nunca acaece ni termina, tal es su estampa.
Tú, sedúceme y corrómpeme, se mi excusa sin condición,
se el recuerdo que me recuerda olvidar,
que las cosas olvidadas, de mero estar sin ser,
tienen la última palabra, aunque carezcan de perdón.