jueves, 28 de abril de 2016

Seísmos.

Se me están tambaleando
los pilares de las nubes,
me estoy dejando las uñas
en busca de un poco de luz.
De tanto hacerme vudú
me pican por dentro las venas,
mas dicen que hoy no revientan,
que quieren un buen ataúd.


Tengo en mi casa un océano
de goteras que apenas se ven,
de "me tiro a las vías y espero",
de "aquí ya no pasa ese tren".
Los espejos ya no me creen,
los dogmas me crecen con dudas,
y hay un cartel mal escrito que reza
"Aforo completo" en la entrada al edén

miércoles, 13 de abril de 2016

El pozo.

Tienen mala suerte
los galones de los depatriados
que por querer lo que quisieron
ya no tienen dónde caer.

Medallita en el pecho.
Condecoraciones imborrables
con glamour de terraplén.

Y se sienten únicos
los que hicieron lo impensable
por milmillonésima vez.


Las almohadas padecen
por los sueños que criaron
viendo que las pesadillas que los siguieron
tanto dieron en vencer.

Los brindis ya no saben
tan bien como cuando tú eras
quien llenaba las copas,

con sangre propia, no con otra
que las venas, como las ideas,
están para poderse romper.


viernes, 1 de abril de 2016

Invencible.

 Hay que suicidarse más. Hay que destruirse más. Hay que buscar más la línea que separa la autocrítica de la autodestrucción y sobrepasarla sin contemplaciones, pasar sobre ella con el mismo ímpetu con que se defiende algo que no se entiende, pero se siente; cruzarla sin prestarle apenas atención haciendo de la inmutabilidad con la que la atravesamos nuestro mayor impulso. No se puede mejorar aquello que no se respeta, es imposible luchar con amor por aquello que no se ama y es enteramente falso pretender decir que algo es tuyo cuando ni lo has construido con tus manos, ni lo has pagado con tu dinero, ni te lo has ganado con tu sudor, si no que te lo han regalado ya construido, ya pagado y ya amoldado para que lo tomes y lo muestres con el orgullo con que se lucen las cosas que solo sirven para eso, para ser lucidas y nada más.

No se puede vivir en una casa prefabricada, amueblada vía Ikea y situada en una parcela perfectamente delimitada y vecina de otras miles de viviendas iguales y pretender decir que es única por el mero hecho de ser tuya. Tienes que destruir la casa para así poder decir de verdad que es tuya. Este montón de ceniza es enteramente mío, es total y absolutamente mío porque yo lo he creado, yo he iniciado el fuego que ha resultado en estas cenizas y yo lo he apagado. Solo entonces podrás, edificar unos nuevos cimientos, mandar a tomar por culo los planos antiguos y escoger la técnica de construcción, escoger el color y la planta, los pisos, los muebles y las cortinas, la luz, las lámparas y las marquesinas, escoger verdaderamente cómo va a ser tu hogar en absolutamente todos sus aspectos. Si tras todo esto quieres hacerte una casa prefabricada, amueblada vía Ikea y situada en una parcela perfectamente delimitada y vecina de otras miles de viviendas iguales, entonces si, la decisión será tuya, pero ya no la de otros.

No se puede cambiar el color de las cortinas y decir que has construido el edificio, exactamente de la misma manera que no puedes escoger entre cuatro grupos de música, tres maneras de vestir y dos partidos políticos y luego decir que solo hay uno como tú, que eres único y que tu mente es enteramente independiente. Si así lo quieres, quémala. Si de verdad te quieres, quémate. Destruye tu mente y duda de todo lo que sepas, duda de todo y sobre todo de aquello acerca de lo que no tengas duda, y cuando solo tengas cenizas en tu cabeza, cuando respires aire y de ti salga humo, cuando solo te quede suelo yermo en tu cabeza, siéntate. Lee. Aprende. Coge todo aquello que aborreces e intenta entenderlo, observa a todos aquellos que te repugna e intenta intenta comprenderlos, busca la persona que más te odie en el mundo y pídele que te enseñe a odiarte. Ahora, que eres todo ceniza, todo barro y todo agua, tienes la mejor materia prima para construir el mayor de los castillos, la más impresionante de las fortalezas, o la más humilde de las chozas. En cualquier caso, solo entonces podrás decir que tu casa las has hecho tú. Que tu cabeza las has hecho tú. Que tú eres tú. Antes, habrás sido el producto de todo lo que te ha pasado mezclado con lo que te han contado, lo que has visto y lo que has sido capaz de copiar. Destrúyelo y entiende que eres mediocre, porque cuando tú mismo sientes que eres insignificante en tu estupidez, incultura e inconsciencia, puedes dedicarte enteramente a aprender. Y si algo tengo claro es que cuando alguien, sea quien sea y venga de donde venga, tiene como única y máxima prioridad aprender, entonces esa persona es simplemente

INVENCIBLE.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Bucle.

Voy a buscar
una corriente
de sangre caliente,
para ver si así logro
alzar el vuelo al fin.
Liberarme de este
respirador artificial,
que por llamarme vivo
me insufla un aire
sabor a herida sin curar.

Voy a revelar
los negativos
de los besos
que nunca di,
de los trenes
que no cogí
por el miedo
a descarrilar.

Limpiarme los lamparones
del alma,
desengancharme de las armas
de doble filo,
entrar con sigilo
en mi propio santuario
por ver si quemándolo
consigo al fin comulgar.

Poco importa el vaso
cuando tienes tanta sed.
Cuando tienes la garganta
seca de ideas
por no tener
con qué hacerlas caer.
Cuando tienes un nudo
en el pecho
y todo el techo
es un desliz.
Cuando lo que dentro habita
se marchita
por no encontrar
dónde dormir.

Voy a agarrarme
a un clavo ardiendo
mientras me repito
es una mano amiga, es una mano amiga, es una mano amiga...
Voy a seguir avanzando,
voy a seguir subiendo,
voy a seguir bajando,
mientras me repito
no tengo heridas, no tengo heridas, no tengo heridas...

Aparto el sueño
como quien aparta una herida
de mal gusto.
Huyo del hastío
como quien busca un refugio
donde huir del frío.

El problema es
que es de mi de quien huyo,
que es a mi a quien aparto,
que soy yo mi propia herida
y que tengo
la mala costumbre
de que cada vez que me doy la mano,
me cojo el brazo,
me cojo el hombro,
me cojo el tronco,
me agarro a mi mismo
y súbitamente
me doy cuenta
de que estoy
solo.

Entonces,
busco un clavo ardiendo
al que agarrarme
y me repito....

...y me repito.

sábado, 26 de marzo de 2016

Dentro.

Un año bisiesto
quiere viajar en el tiempo;
la taquicardia le impide percatarse
de que a ese juego ya perdió una vez.
Y dos.
Y tres.

Un pasamanos con varicela
echa de menos
las caricias que le daban
y se autocompadece pensando
que pudo haberlas correspondido,
pero no lo hizo.
En realidad no podía,
solo que eso él
no lo sabe.

Un muñeco de madera
añora al ventrílocuo
que le daba voz,
y se consuela escribiendo versos
olvidándose
de que no sabe leer.

Quizás debería abandonar
mi empeño por humanizar cosas
que no son humanas
y empezar a humanizarme
a mi mismo.
Ni los años (bisiestos o no),
ni los pasamanos,
ni los muñecos,
sienten,
pero yo si,
y por más que lo intento
no puedo evitar ver
que tengo algo
de todos ellos
en mi.

El torbellino.

Si hubo un tiempo en que creía entender lo que pasaba a mi alrededor, ese tiempo terminó. Si en algún momento creí ser dueño de lo que en torno a mi sucede, siento darme cuenta de que fue pura ilusión. Podría dedicarme a hablar de tópicos, hacer del amor costumbre y de la curiosidad rutina, pero la suave caricia de las expectativas a veces resulta infinitamente más seductora que la burda realidad, y si no que le pregunten a la lencería.
Si esto es la victoria, no lo quiero. Si esto es el éxito, no lo quiero. La derrota sabía mejor cuando en el fondo sabía que era mi premio, que era lo que me había buscado y que había tenido éxito en mi fracaso. Quizás por eso los cantos de la autodestrucción suenan tan harmoniosos en los oídos predispuestos, porque ganar es lo que todo el mundo quiere, es lo que hay  que querer, pero la derrota... la derrota hay que desearla de verdad, la derrota es enteramente mía, y eso nadie me lo puede negar, nadie me lo puede dar hecho, ni nada me lo puede quitar. 
Por eso redundo en mis heridas, 
no vaya a ser que se cierren, 
por eso mimo mis cicatrices, 
no vaya a ser que se abran, 
por eso grito, 
que de callarme no quiero ni hablar,
por eso vivo, 
que en morir no quiero pensar, .
Por eso, ya no me hacen falta armas de doble filo para cortarme, a fuerza de querer verlo todo distinto acabé viéndolo todo del revés, y no hay día en que no coja un cuchillo por la hoja en lugar del mango. Mucho se habla de no perder los trenes, pero se olvidan de las estaciones frías y los maquinistas locos, de las señoras que roncan y de los revisores amargados. De las vías estropeadas. De los descarrilamientos. 
No, gracias. 
Si tengo que ver a algún loco, 
con los espejos me llega,
si quiero descarrilar,
no necesito ayuda.
No le concederé a nadie 
el placer de deberle mi perdición,
y no me perderé 
hasta que perderme me salga del corazón.
Con eso me llega,
con eso me basta,
con eso me voy.

domingo, 20 de marzo de 2016

La piel.

Soy yo acaso
lo que busco
más que lo que encuentro,
lo que leo
más que lo que escribo,
lo que añoro
más que lo que veo
cuando un extraño reflejo
se muestra ante mi.

Soy hijo
de lo que otros hicieron,
fruto
de la tierra que me echaron,
dolor
de sepultureros
por no dejar
de revivir.

Quisiera yo
quitarme la tierra
de encima,
talar los árboles
genealógicos,
quemar los diccionarios
del devenir.
Vender mi entrada
de teatro,
romper las vías
de los trenes,
renegar de testamentos
y de herencias,
por ver cómo es
mi piel
al fin.