viernes, 17 de junio de 2016

A salvo.

Hay refugios
por los que vale la pena
jugarse lo injugable
aunque no sean bombas
lo que cae fuera.
No  es el ruido lo que me asusta
ni la sangre lo que me ahuyenta,
son sus contrarios,
el silencio y la ausencia
los que alimentan mis miedos
con platos vacíos
y vacían mi mente
de toda inocencia.
Mal sabes tú
que cuando huyo a mi cueva
es a tu encuentro al que acudo,
aunque tú no estés,
que poco tienen que ver
el amor con el deber,
que estar sin ropa no es
el desnudo más cruel.
La carne no tiene
la fragilidad del alma
cuando esta se muestra
a las tempestades de lo exterior
sin ropa ni abrigo.
El cuerpo carece
de la sensibilidad cruda,
de la intimidad hiriente
que solo los sentimientos tienen
y de la cual se resienten.
Los huesos nunca están
tan indefensos como mis palpitares
cuando se muestran honestamente
a pecho descubierto,
a diana de puñales.
Mal sabes tú
que cuando huyo a mi cueva
lo hago solo porque se
que a la salida me estarás esperando,
vida,
porque a tu encuentro
no se no volver.

domingo, 29 de mayo de 2016

Sopa de chinchetas.



Estoy a la deriva
y no encuentro los manguitos.
El mar abierto
me da claustrofobia
y no,
no quiero aprender a nadar.

Tengo un poco de agua,
una bengala,
21 chinchetas
y mucho tiempo.
Con el agua
he regado las algas
a ver si me dan
algo de sombra;
la bengala
descansa en las profundidades
(no quería provocar
un incendio en la balsa),
y con las chinchetas
me he hecho una sopa de mar
que me ha quedado
ligeramente sosa.

Menos mal
que soy inmortal,
porque con el tiempo,
con todo este tiempo,
si que no se qué hacer,
y no se si aguantaría
toda una vida
a la deriva
sin tirarme al mar.

Menos mal
que soy inmortal.

domingo, 15 de mayo de 2016

Lo debido.

Todo cuanto la mente ingenia,
todo cuanto los ojos no ven,
lo que de mero esconderse se enseña,
lo que las manos añoran de ayer.

Todo lo que en vida se esquiva,
aquello que aún muriendo se teme,
todo ello a la vez, se exilia
cuando siento tu piel en mi piel.

Y me río yo de armaduras,
del pasado y de sus ataduras,
del tiempo y de su frenesí.

Ante ti no hay escudo que valga,
no hay pena que pese en el alma,
no hay reloj que marchite tu abril.

jueves, 5 de mayo de 2016

Verde.

Vivo,
luego pienso.
Duele,
luego debo de estar vivo.
Vivo,
y sigo depatriado de mis sentidos,
sigo exiliado de mis instintos,
sigo agazapado
bajo el reflejo
de los espejos
en los que nunca me miré.
Sigo privado
de lo que me haría ser yo,
si yo
fuese yo,
sigo echando balones fuera
y sigo sin poder evitar
la sensación del niño
al que se le queda la pelota en un árbol.
Cada vez que la recupero
me digo que esta vez la cuidaré,
cada vez que la cuido
me percato de que los balones
no están hechos para ser cuidados,
si no disfrutados,
y cada vez que lo disfruto
lo acabo encallando en un árbol
más alto que la vez anterior.
Cada vez me cuesta más recuperarlo,
y se apodera de mi
un miedo atroz a caerme
cada vez que lo tengo que ir a buscar,
cada vez que me tengo que redimir
por los balones que echo fuera,
cada vez que me tengo que compensar
por todas las veces
en las que no aguanto la espera.

Cuando me duelo mucho,
me huyo,
y poco a poco
voy conociendo mundo
mientras no dejo de perseguir aquello
de lo que escapo.
En los lugares por los que paso
me voy quitando espinas,
pero sin discernir demasiado bien
si cada espina que me arranco
cae en yermo suelo
o se me clava en otra parte de mi ser,
con lo que así ando
en un eterno hacerme autovudú
del cual no tengo claro
si no salgo por no saber
o por no querer.

Dicen que un clavo quita otro clavo,
pero yo siento padecer
que las heridas
no funcionan
bajo el mismo
mecanismo,
y por mucho que me martilleo la cabeza
no logro que cese el martirio de mi pecho.
Ahora,
además de dolerme los sentimientos,
también me escuecen las ideas,
además de sufrir por los latidos
que no quieren volver
también sufro
por los pensamientos que no se quieren ir,
a todo lo que siempre quise evitar
se le ha sumado
la marcha de todo aquello
que nunca quise dejar ir.

A veces
dudo de la veracidad
de mi propia existencia,
y la única contraargumentación
con la que puedo desbaratar mis desvaríos
son los textos
que un día escribí,
las ideas
que en alguna ocasión elucubré,
los sentimientos
que en algún momento padecí.

Me pienso,
me duelo,
y se me van las dudas.
Indudablemente
sigo vivo,
inexplicablemente
sigo en pie.

jueves, 28 de abril de 2016

Seísmos.

Se me están tambaleando
los pilares de las nubes,
me estoy dejando las uñas
en busca de un poco de luz.
De tanto hacerme vudú
me pican por dentro las venas,
mas dicen que hoy no revientan,
que quieren un buen ataúd.


Tengo en mi casa un océano
de goteras que apenas se ven,
de "me tiro a las vías y espero",
de "aquí ya no pasa ese tren".
Los espejos ya no me creen,
los dogmas me crecen con dudas,
y hay un cartel mal escrito que reza
"Aforo completo" en la entrada al edén

miércoles, 13 de abril de 2016

El pozo.

Tienen mala suerte
los galones de los depatriados
que por querer lo que quisieron
ya no tienen dónde caer.

Medallita en el pecho.
Condecoraciones imborrables
con glamour de terraplén.

Y se sienten únicos
los que hicieron lo impensable
por milmillonésima vez.


Las almohadas padecen
por los sueños que criaron
viendo que las pesadillas que los siguieron
tanto dieron en vencer.

Los brindis ya no saben
tan bien como cuando tú eras
quien llenaba las copas,

con sangre propia, no con otra
que las venas, como las ideas,
están para poderse romper.


viernes, 1 de abril de 2016

Invencible.

 Hay que suicidarse más. Hay que destruirse más. Hay que buscar más la línea que separa la autocrítica de la autodestrucción y sobrepasarla sin contemplaciones, pasar sobre ella con el mismo ímpetu con que se defiende algo que no se entiende, pero se siente; cruzarla sin prestarle apenas atención haciendo de la inmutabilidad con la que la atravesamos nuestro mayor impulso. No se puede mejorar aquello que no se respeta, es imposible luchar con amor por aquello que no se ama y es enteramente falso pretender decir que algo es tuyo cuando ni lo has construido con tus manos, ni lo has pagado con tu dinero, ni te lo has ganado con tu sudor, si no que te lo han regalado ya construido, ya pagado y ya amoldado para que lo tomes y lo muestres con el orgullo con que se lucen las cosas que solo sirven para eso, para ser lucidas y nada más.

No se puede vivir en una casa prefabricada, amueblada vía Ikea y situada en una parcela perfectamente delimitada y vecina de otras miles de viviendas iguales y pretender decir que es única por el mero hecho de ser tuya. Tienes que destruir la casa para así poder decir de verdad que es tuya. Este montón de ceniza es enteramente mío, es total y absolutamente mío porque yo lo he creado, yo he iniciado el fuego que ha resultado en estas cenizas y yo lo he apagado. Solo entonces podrás, edificar unos nuevos cimientos, mandar a tomar por culo los planos antiguos y escoger la técnica de construcción, escoger el color y la planta, los pisos, los muebles y las cortinas, la luz, las lámparas y las marquesinas, escoger verdaderamente cómo va a ser tu hogar en absolutamente todos sus aspectos. Si tras todo esto quieres hacerte una casa prefabricada, amueblada vía Ikea y situada en una parcela perfectamente delimitada y vecina de otras miles de viviendas iguales, entonces si, la decisión será tuya, pero ya no la de otros.

No se puede cambiar el color de las cortinas y decir que has construido el edificio, exactamente de la misma manera que no puedes escoger entre cuatro grupos de música, tres maneras de vestir y dos partidos políticos y luego decir que solo hay uno como tú, que eres único y que tu mente es enteramente independiente. Si así lo quieres, quémala. Si de verdad te quieres, quémate. Destruye tu mente y duda de todo lo que sepas, duda de todo y sobre todo de aquello acerca de lo que no tengas duda, y cuando solo tengas cenizas en tu cabeza, cuando respires aire y de ti salga humo, cuando solo te quede suelo yermo en tu cabeza, siéntate. Lee. Aprende. Coge todo aquello que aborreces e intenta entenderlo, observa a todos aquellos que te repugna e intenta intenta comprenderlos, busca la persona que más te odie en el mundo y pídele que te enseñe a odiarte. Ahora, que eres todo ceniza, todo barro y todo agua, tienes la mejor materia prima para construir el mayor de los castillos, la más impresionante de las fortalezas, o la más humilde de las chozas. En cualquier caso, solo entonces podrás decir que tu casa las has hecho tú. Que tu cabeza las has hecho tú. Que tú eres tú. Antes, habrás sido el producto de todo lo que te ha pasado mezclado con lo que te han contado, lo que has visto y lo que has sido capaz de copiar. Destrúyelo y entiende que eres mediocre, porque cuando tú mismo sientes que eres insignificante en tu estupidez, incultura e inconsciencia, puedes dedicarte enteramente a aprender. Y si algo tengo claro es que cuando alguien, sea quien sea y venga de donde venga, tiene como única y máxima prioridad aprender, entonces esa persona es simplemente

INVENCIBLE.