Quiero cavar, quiero volar, quiero ser el pensamiento que se niega y sonríe mientras duda sobre su palpitar. Quiero viajar en el coche que se aleja al final de la película para ver a donde lleva, y quiero no saber su destino y quedarme a ver la luna llena. Hablar, sentir, conocer... tengo frío en los pies pero la cabeza llena; ¿llena de qué? De calor, por supuesto. De ese calor que crean las ideas cuando se juntan entre si; entrelazándose y creando otras nuevas que surgen sin parar. De ese calor que quema pero no abrasa, que sonríe pero no ríe, que mira, pero que nunca ve.
Quiero ser tus ojos y ver el mundo que nos queda por sentir; quiero no querer tanto, no vaya a ser; quiero no parar de querer, que yo lo que quiero es vivir.
martes, 15 de enero de 2013
lunes, 24 de septiembre de 2012
Los charcos reflejan mejor.
Reflejos e ideas. Son todo lo que soy, pues son lo único que me garantiza. Son los reflejos, ya de los espejos, ya de los charcos, ya de los demás, lo que me recuerda que aún sigo aquí, que no me he ido. Son las ideas que, huérfanas de una cabeza mejor, acuden a mi, las que me recuerdan que no estoy vacío por dentro, o al menos por ahora.
Superficie e interior. Son mi esencia y mi envoltura las que me hacen sentir casi completo, pero la ambigüedad de ambas es lo que hace que en su reciprocidad esté mi perdición. En mi concreto muere mi real, y en mi ideal nace mi ingenio, pero este no hace más que sucumbir a la tentación del concreto, y ahí vuelta a empezar.
Solamente en lo abstracto existe lo que de verdad es real, y según se señala con el dedo va perdiendo su esencia, su magia, tal es su fragilidad.
Al final, lo único que queda del genio es lo que resta entre el camino del concepto al papel, y de las sonrisas de complicidad que antaño me devolvía el espejo ya no queda más que el recuerdo, la idea, la esencia.
Sólo reflejos e ideas... y algo de suerte, claro. La suerte nunca se olvida.
Superficie e interior. Son mi esencia y mi envoltura las que me hacen sentir casi completo, pero la ambigüedad de ambas es lo que hace que en su reciprocidad esté mi perdición. En mi concreto muere mi real, y en mi ideal nace mi ingenio, pero este no hace más que sucumbir a la tentación del concreto, y ahí vuelta a empezar.
Solamente en lo abstracto existe lo que de verdad es real, y según se señala con el dedo va perdiendo su esencia, su magia, tal es su fragilidad.
Al final, lo único que queda del genio es lo que resta entre el camino del concepto al papel, y de las sonrisas de complicidad que antaño me devolvía el espejo ya no queda más que el recuerdo, la idea, la esencia.
Sólo reflejos e ideas... y algo de suerte, claro. La suerte nunca se olvida.
domingo, 22 de julio de 2012
Café solo.
Siente las sonrisas y compadécete de las sombras, pues no somos más que el reflejo de lo que un día quisieron ser. Y siendo no son ni más lejos que el sentir ni más cerca que la desidia, pues la simpleza no está si no en la mente que acepta el pecado como genialidad y consigue el placer de ver el mundo a ras de suelo, a ras de realidad.
Pero quien tiene la lanza que parta la coraza del gigante que no encierra más que rencor, ni menos que ello? No, la ilusión del tiempo que todo lo cura no es más que el espejismo de la monótona costumbre, y sin embargo cuan dulce es la continuidad de un devagar cuando a el ya nos hemos acostumbrado. Benditos los troncos arrancados e infelices tocones solitarios. Que de astillas clavadas en corazones ajenos se podría construir todo un barco de los recuerdos, pero las grietas de los corazones son buen refugio para las cicatrices esquivas, y las bofetadas que el viento te da cuando pides caricias son las que tu indómito martilleo siente a cada compás. Y hace frío. Pero ¿cómo no sentir frio cuando en la nevera no quedan ideas y el azucar de las miradas se ha quedado ciego de color amor? ¿Cómo no sentir picor en el pecho cuando no tienes uñas con que rascarte porque te las acabas de quitar con cloruro de rencor? No, el rencor nunca sabe bien, pero está un poco mejor si lo acompañas con café.
De este café sin leche que busca compañia entre las sonrisas y la neblina de las primeras horas es de lo que se hacen los conceptos. De esto, y del color; el color que nunca falte.
De este café sin leche que busca compañia entre las sonrisas y la neblina de las primeras horas es de lo que se hacen los conceptos. De esto, y del color; el color que nunca falte.
Recapitulemos.
Cada susurro, que se cuela en mi como vagabundas notas a través de los poros de mi piel. Cada poro de mi piel, que baila al compás del ritmo que impone mi corazón de color sombra. Cada sombra, pasajera oculta que busca su refugio en los rincones de las palabras. Cada rincón, esquina o sonrisa esquiva entre mil muecas forzadas a base de tiempo perdido. Cada segundo perdido, que me muestra los marcos de las fotografías que me quedan por sacar. Cada encuentro de un escalofrío con mi cuerpo, testigo del calor que falta y recordatorio de los delirios que quedan por llegar. Cada delirio, que surge como idea para morir como metáfora sin parte real. Cada parte de la realidad, que se clava en mi imaginación para convertirla en humo de brasas, ya ni de fuego. Cada resto de ceniza, que mancha las manos en un último esfuerzo por dejar huella, ya polvo y concepto, que mira sin ver, que habla sin ser escuchada. Cada cada, reflejo de mi parecer, y pesadilla de mi almohada.
Recapitulemos el sentir.
Recapitulemos el sentir.
sábado, 19 de mayo de 2012
Lagunas.
Ambigüedad, escaleras sin pasamanos, otra idea que se queda huérfana de realidad y otro pensamiento con frío en las orejas. Irónico como una puerta de cristal, triste como una pared que quería ser ventana. La almohada quiere compañía las horas que restan entre sueño y sueño; sueño con almohadas que despiertan. Claxon de un coche, sombras del sol, un charco escondido bajo una baldosa y el periódico de ayer que echa de menos al de mañana. Ya no queda agua en las fuentes y la cama sin hacer no otorga consuelo. No quedan bombillas, no quedan deberes, no quedan sentencias. ¿Punto final? Sonrisas y café. Solo un poco más mamá, a las primeras horas nunca hay amor.
viernes, 18 de mayo de 2012
Síntesis.
Caos, confusión, el desorden que nace del orden, o más bien al revés, o de hecho, ¿qué orden? Los primeros rayos tras las nubes, huele a folio sin ideas. Estrés, prisa, hace sueño en el ambiente y poco calor entre las líneas. Carraspeos de garganta, toses, el frío que no quiere estar sólo y las musas que no tienen calefacción. Hay polvo en las estanterías. Tacha, borra, escribe, tacha de nuevo. No hay delirio sin lucidez, y el placer de suprimir lo que al folio le falta de pergamino no tiene precio. Dos comas y lo dejo, solo una, ya.
jueves, 22 de marzo de 2012
Sólo una posibilidad más.
Puede que, si las circunstancias son propicias y el tiempo lo permite; si todo encaja y nada falta ni falla, en algún momento, instante, contexto quepa la remota y poco probable posibilidad, más condicional que realista, más fantasiosa que posible y, seamos realistas, más hipotética que veraz, de que los condicionales y circunstanciales azares de la realidad salven sus diferencias con lo plausible y se fundan dando así el suero que disuelva a los confusos pero densos rencores que conmigo mismo tengo, permitiendo al fin que la sangre vuelva a correr por mis venas e inunde mi corazón.
Hasta entonces, esperaré donde estoy...
...Donde tú me dejaste.
Hasta entonces, esperaré donde estoy...
...Donde tú me dejaste.
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