jueves, 30 de junio de 2016

El salto.

- Este cuadro sobre el que os voy a hablar no siempre fue un cuadro. Hubo un tiempo en que fue un espejo, pero cansado de su vítrea condición, decidió tirarse a la vida de cabeza para así comenzar a sentir lo que hasta entonces se había limitado a reflejar. Ocurrió que en el lugar donde optó por lanzarse, la vida era vacua y superficial, con lo que no tardó en tocar fondo; poco a poco fue notando cómo la sonrisa de alegría entonada al inicio del salto iba desvelando su naturaleza premonitoria de suicidio, y aquello que había sido cristalina superficie se iba tornando lienzo permeable a todo pigmento que por su cercanía pasase. Quedó grabado el instante de caos, el fatídico momento de autolisis tan involuntaria como consentida, el angustioso fragmento de tiempo en que aquel espejo se volvió tetrapléjico y...
- Joder Esteban, ¿tanto lío por una foto de carnet? Si no te gusta cómo sales, te jodes, siempre con la misma cantinela y desvariando sobre cuadros y espejos y...

viernes, 24 de junio de 2016

Llamada.

- Hay un libro
que me habla desde la estantería.
Me dice que Galileo
me caería bien,
que al Yeti
no le gustan sus propios pies
y que a la cocinera de Lady-Di
no le gustan las patatas fritas.
Ya no.
Estoy seguro de que siempre
que le dice esto a alguien
le interrogan inmediatamente
acerca de cómo lo sabe,
así que me decanto por preguntarle
la razón de que ni "Galileo",
ni "Yeti",
ni"la cocinera de Ladi-Di"
contengan una U,
pero sí todas las demás vocales.
Me contesta con silencio
y con silencio le respondo,
y en la no reciprocidad
de ese no beso
si correspondido
un tríptico se cierra
a la par que me asalta un picor
entre la fosa nasal izquierda y el labio.
Me rasco, tal y como tú
estarás haciendo ahora,
y por lo demás sin novedades.

- Me alegra ver que todo va bien, aunque deberías vigilar el tema del picor no vaya a ser algo raro. ¿Tu madre anda por casa?

- Si,

- Vaya hombre, Bueno, pues en cuanto salga y vuelva dile que la llamé mientras no estaba.

- Vale, ¿alguna otra cosa¿

- Nada más. Un beso muy fuerte.

- Otro.
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- ¿Quién era?

- Tú.

sábado, 18 de junio de 2016

Visitas.

- Quiero escalar una escalera infinita,
volar en un vuelo sin escalas,
bailar en la cama donde la impaciencia tranquiliza a la tranquilidad
y escribir mis experiencias en el borde de las páginas.
No.
Mejor.
Quiero volar en una cama infinita,
escalar hasta el borde de las páginas,
bailar impacientando a la tranquilidad
y escribirlo todo en una escalera sin escalas.
No.
Espera.
Prefiero bailar en un vuelo de páginas,
escribir tranquilamente en caliente,
volar por los filos de las hojas
y desescalar el mundo al revés.
No no no.
Para.
Prefiero impacientar la escritura de los vuelos,
hojear el baile de los filos,
escalonar el infinito en tranquilidades
y observarlo todo desde la cama de las nubes.
O...
- O podrías tomarte la pastilla de las 6.
Se hace un silencio.
- Podría, pero entonces no tendría a quién contarle todo esto.

viernes, 17 de junio de 2016

A salvo.

Hay refugios
por los que vale la pena
jugarse lo injugable
aunque no sean bombas
lo que cae fuera.
No  es el ruido lo que me asusta
ni la sangre lo que me ahuyenta,
son sus contrarios,
el silencio y la ausencia
los que alimentan mis miedos
con platos vacíos
y vacían mi mente
de toda inocencia.
Mal sabes tú
que cuando huyo a mi cueva
es a tu encuentro al que acudo,
aunque tú no estés,
que poco tienen que ver
el amor con el deber,
que estar sin ropa no es
el desnudo más cruel.
La carne no tiene
la fragilidad del alma
cuando esta se muestra
a las tempestades de lo exterior
sin ropa ni abrigo.
El cuerpo carece
de la sensibilidad cruda,
de la intimidad hiriente
que solo los sentimientos tienen
y de la cual se resienten.
Los huesos nunca están
tan indefensos como mis palpitares
cuando se muestran honestamente
a pecho descubierto,
a diana de puñales.
Mal sabes tú
que cuando huyo a mi cueva
lo hago solo porque se
que a la salida me estarás esperando,
vida,
porque a tu encuentro
no se no volver.

domingo, 29 de mayo de 2016

Sopa de chinchetas.



Estoy a la deriva
y no encuentro los manguitos.
El mar abierto
me da claustrofobia
y no,
no quiero aprender a nadar.

Tengo un poco de agua,
una bengala,
21 chinchetas
y mucho tiempo.
Con el agua
he regado las algas
a ver si me dan
algo de sombra;
la bengala
descansa en las profundidades
(no quería provocar
un incendio en la balsa),
y con las chinchetas
me he hecho una sopa de mar
que me ha quedado
ligeramente sosa.

Menos mal
que soy inmortal,
porque con el tiempo,
con todo este tiempo,
si que no se qué hacer,
y no se si aguantaría
toda una vida
a la deriva
sin tirarme al mar.

Menos mal
que soy inmortal.

domingo, 15 de mayo de 2016

Lo debido.

Todo cuanto la mente ingenia,
todo cuanto los ojos no ven,
lo que de mero esconderse se enseña,
lo que las manos añoran de ayer.

Todo lo que en vida se esquiva,
aquello que aún muriendo se teme,
todo ello a la vez, se exilia
cuando siento tu piel en mi piel.

Y me río yo de armaduras,
del pasado y de sus ataduras,
del tiempo y de su frenesí.

Ante ti no hay escudo que valga,
no hay pena que pese en el alma,
no hay reloj que marchite tu abril.

jueves, 5 de mayo de 2016

Verde.

Vivo,
luego pienso.
Duele,
luego debo de estar vivo.
Vivo,
y sigo depatriado de mis sentidos,
sigo exiliado de mis instintos,
sigo agazapado
bajo el reflejo
de los espejos
en los que nunca me miré.
Sigo privado
de lo que me haría ser yo,
si yo
fuese yo,
sigo echando balones fuera
y sigo sin poder evitar
la sensación del niño
al que se le queda la pelota en un árbol.
Cada vez que la recupero
me digo que esta vez la cuidaré,
cada vez que la cuido
me percato de que los balones
no están hechos para ser cuidados,
si no disfrutados,
y cada vez que lo disfruto
lo acabo encallando en un árbol
más alto que la vez anterior.
Cada vez me cuesta más recuperarlo,
y se apodera de mi
un miedo atroz a caerme
cada vez que lo tengo que ir a buscar,
cada vez que me tengo que redimir
por los balones que echo fuera,
cada vez que me tengo que compensar
por todas las veces
en las que no aguanto la espera.

Cuando me duelo mucho,
me huyo,
y poco a poco
voy conociendo mundo
mientras no dejo de perseguir aquello
de lo que escapo.
En los lugares por los que paso
me voy quitando espinas,
pero sin discernir demasiado bien
si cada espina que me arranco
cae en yermo suelo
o se me clava en otra parte de mi ser,
con lo que así ando
en un eterno hacerme autovudú
del cual no tengo claro
si no salgo por no saber
o por no querer.

Dicen que un clavo quita otro clavo,
pero yo siento padecer
que las heridas
no funcionan
bajo el mismo
mecanismo,
y por mucho que me martilleo la cabeza
no logro que cese el martirio de mi pecho.
Ahora,
además de dolerme los sentimientos,
también me escuecen las ideas,
además de sufrir por los latidos
que no quieren volver
también sufro
por los pensamientos que no se quieren ir,
a todo lo que siempre quise evitar
se le ha sumado
la marcha de todo aquello
que nunca quise dejar ir.

A veces
dudo de la veracidad
de mi propia existencia,
y la única contraargumentación
con la que puedo desbaratar mis desvaríos
son los textos
que un día escribí,
las ideas
que en alguna ocasión elucubré,
los sentimientos
que en algún momento padecí.

Me pienso,
me duelo,
y se me van las dudas.
Indudablemente
sigo vivo,
inexplicablemente
sigo en pie.